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Para comprender mejor al Papa Francisco y el sentido de sus signos me ha llegado una entrevista a un sacerdote de Comunión y Liberación Don Mario que conoció de cerca al actual Papa Francisco, que transcribo algunos fragmentos resumen de esta entrevista a al sacerdote milanés Don Mario Peretti; Emanuele Braga autora de la entrevista nos pone este precioso titular «No es que Bergoglio ame la pobreza: ama a Cristo y por eso no necesita nada». Con este título mucho podemos atisbar de lo que anida en el corazón del actual Papa. 

 

 

Don Mario nos recuerda en esta entrevista aquel año 2008, cuando invitaron al entonces cardenal Jorge Mario Bergolio a presentar el libro El atractivo de Jesucristo, de don Giussani. Dijo que sí, como siempre. “Pero no paséis a recogerme en coche, iré a pie”. Al llegar, me dijo: “Por el camino me he cruzado con un hombre que me ha pedido que le confesara. Nos hemos puesto detrás de un edificio y lo he hecho. ¿Ves? Si hubierais venido a recogerme, no habría sucedido…”». En estos años hemos visto muchos hechos parecidos a este.

 

Jorge Mario Bergoglio ha sido su arzobispo y le conoce bien. La primera vez que se vieron ya «supo que era del movimiento de Comunión y Liberación, y al respeto le dijo:: “Juan Pablo II apuesta mucho por los movimientos, y tiene razón. Porque están vivos, y dispuestos en primera línea, en la frontera de la Iglesia”».

 

Nos dice Don Mario que el Papa es un hombre de Dios. Ama a Cristo y a la Iglesia y se mueve a partir de esto, no desde posiciones sociológicas o políticas. Los periódicos que han intentado clasificarlo como “progresista” o “conservador” no lo han logrado. Es imposible.

 

Afirma que todos estos gestos que a todos nos han conmovido sus gestos no nacen de una decisión en función del papel o de la necesidad de dar una vuelta de tuerca a la Iglesia. La humildad de gestos como pagar la cuenta personalmente o renunciar a la cruz de oro, y todo lo que estamos viendo en Roma, lo hemos visto continuamente en Buenos Aires. Así es él. No son sólo rasgos de su carácter, de su estilo de vida. Tiene que ver con su modo de vivir la fe. Inmediatamente hace esta petición a sus fieles: «Rezad por mí». No ha ocurrido sólo una vez que alguno fuera a verle y que el diálogo terminara con la misma petición: «Reza por mí. Te lo digo en serio, porque realmente lo necesito». También el reclamo a la misericordia es una constante en él. Igual que a la pobreza, lo cual permite entender qué es lo que lleva en el corazón.

 

 

I para mí lo más notable de la entrevista a Don Mario cuando afirma con fuerza “No es que Bergoglio ame la pobreza: ama a Cristo y por eso no necesita nada”. Es una posición de fe, no de pauperismo. Y de hecho la vive sencillamente, sin ostentaciones, sin hacer de ella una bandera ideológica. Nunca le he oído polemizar contra la “Iglesia rica”. Para él es una cuestión de plenitud de vida. En el Arzobispado tenía un despacho grande, como el de un párroco, con dos sillas para las visitas y una para él. A la salida de las grandes celebraciones, ya lo sabe todo el mundo, te lo podías encontrar en el metro. Tiene 76 años. A los 75 presentó su dimisión, como es habitual. Benedicto XVI la rechazó. Pero aquí se dice que Bergoglio ya había comentado que pensaba, una vez terminada su tarea como obispo, irse a vivir a una casa de reposo para sacerdotes mayores…

 

 

Su relación con los sacerdotes era disponibilidad total. Y en la medida de lo posible, sin intermediarios. Le llamabas, y si no podía responder se ponía en contacto contigo inmediatamente después. No le gustaban mucho las cuestiones burocráticas: una vez me dijo que «mejor hacer las cosas y luego pedir perdón, antes que pedir primero permiso a la burocracia y perder tiempo…». Aquí no hay muchos sacerdotes. Sólo uno por parroquia. Pero él, en las llamadas villas miseria, las favelas de aquí, constituyó parroquias a las que envió tres o cuatro juntos, para sostenerse mutuamente. Apostó por estar presente entre los más desfavorecidos, entre los más pobres. Allí nacieron historias como la del padre Pepe, que tuvo que irse durante dos años porque estaba amenazado por los narcos: Bergoglio le defendió personalmente. En resumen, mucha vida y nada de ideología. Aquí, en Buenos Aires, entre los sacerdotes no existe polémica alguna entre progresistas y conservadores. Los sacerdotes, en general, están enamorados de Cristo y son misioneros de la fe. Y punto.

 

Lo describe como alguien que escucha a todos, pero que decide en soledad. ¿Es así, al menos por lo que usted conoce?

No es acaparador. Pregunta, pide opinión, se confronta. Pero quizá tiene cierta preferencia por los sencillos. Escucha mucho a los párrocos, más que a los intelectuales o superteólogos. Piensa que hay que reconquistar la simpatía hacia la Iglesia mostrando una sencillez y una paternidad, más que haciendo grandes discursos.

 

Para terminar Don Mario cree que los puntos centrales del Papa Francisco serán: La fe en Jesús. Y en una sencillez de vida que reclame sólo a eso, sin muchos corolarios. A mí, por ejemplo, me ha llamado mucho la atención el reclamo continuo que ha hecho a su papel como obispo de Roma: quiere decir muchas cosas, pero también que quiere guiar a la Iglesia viviendo en un punto preciso, partiendo de una presencia concreta, no “gestionando problemas”. Y luego hay otro reclamo permanente: «La Iglesia es el pastor y el pueblo, los dos juntos». Debemos construirla juntos.