EL enfoque terapéutico integrativo : aportaciones
La filosofía que inspira la línea de actuación del Servicio de Acompañamiento en el Duelo, si bien se basa en la vertiente de la psicología que engloba estudios de autores como Carl Rogers, Erich Fromm, también tiene en cuenta muchos otros puntos de vista del funcionamiento humano, propios de distintas ramas psicológicas. Los enfoques psico-dinámico, conductal, cognitivo, centrando en el cliente..se consideran dentro de una perspectiva de sistemas dinámicos donde cada uno proporciona una explicación parcial del hecho <<duelo>>, así como técnicas y conocimientos complementarios para trabarlo. Abordar el duelo desde esta óptica holística, compleja y flexible, permite al profesional extraer de manera selectiva, pero a la vez integradora, unas herramientas de trabajo ágiles y personalizadas.
Desde la psicología humanista
El núcleo de esta escuela psicológica es la adopción de una actitud de no-directividad hacia la práctica de la psicoterapia, lo que aleja del esquema de intervención clásico y inudireccional en el que el profesional se ve como una fuente de recursos ilimitados y recetas mágicas con las que solucionar rápidamente cualquier tipo de sufrimiento. Básicamente esta corriente defiende la afirmación del valor inherente en cada individuo, es decir, que el profesional confie en las posibilidades y capacidades de que dispone el cliente ya que si el terapeuta, con su método, impone a la persona una manera determinada de hacer frente a la pérdida, se convierte en algo forzado que el individuo no elabora y que por lo tanto, no perdura en el tiempo.
Desde la psicología dinámica (psicología profunda)
En la elaboración del duelo, el psicoanálisis trata la importancia del inconsciente en las actitudes de quien lo vive. Dado que la persona no puede elaborar sola el duelo, se comprende que sólo un factor externo sea capaz de descubrir ciertas facetas poco clarificadas. Esto implica entrar en la complejidad de la comunicación humana, del lenguaje: quien acompaña el duelo debe entender que quieren decir tanto él como cliente cuando surge un diálogo o cuando se permanece en silencio.
Desde el enfoque conductista
Esta escuela defiende que, para que una persona afronte debidamente una pérdida y se sienta de este modo más cohesionada y reforzada, el profesional debe estimularla a conectar con una serie de cosas que evita. Mediante algún tipo de sugerencia, se invita al cliente a:
Replantearse aptitudes, expectativas, opiniones o posturas tomadas;
Reconocer aspectos vitales que pretende ignorar
Solucionar cuestiones no resueltas en el pasado
Desde el esquema cognitivo-conductal
Esta vertiente psicológica subraya la faceta discursiva y lógica previa a una toma de decisiones. Es decir, prioriza la comprensión intelectual de las vivencias; si la persona sabe lo que le pasa, puede comprender por qué le suceden las cosas y conocer cuál es su esquema de actuación. De este modo. Es más fácil que pueda controlar situaciones desestabilizadoras.
Desde este punto de vista, resulta infructuoso y violento obligar a las personas que viven en el duelo a no sentirse, por ejemplo, culpables. Lo que hay que hacer es procurar que la gente llegue a entender el motivo por el cual se siente culpable. Solo entonces se trabaja la culpa de manera más positiva.
Esta perspectiva, más que introducir una lucha interna en el sujeto, introduce un elemento de despedida, ya que se le remite a su propia responsabilidad a querer o no despedirse del objeto perdido cuando se ha puesto de manifiesto una necesidad inconsciente de vincularse a él. En caso afirmativo, la persona quiere decir >>adiós>> y por iniciativa propia, se esfuerza en entender y trabajar sus propios sentimientos se atreve a conocerse para, posteriormente, poder actuar en consecuencia. Pero si no se da este paso, la persona se sigue aferrando a elementos que alimentan el vínculo mediante la culpa : entonces, la existencia indica la presencia de una unión que, sencillamente no se desea romper.
Desde la rama sistemática
La psicología sistemática descarta la pretensión oceánica de querer afrontar simultáneamente todos los problemas de aspecto práctico que puedan ir surgiendo durante el proceso de elaboración del y que, junto con los nudos del pasado se hacen presentes, forman un conglomerado difícil de abordar. Esta metodología considera la terapia desde el trabajo de identificación de un único aspecto central para que el resto de elementos de problemática cambien. En otras palabras, pretende captar con precisión lo que más hace sufrir a la persona.
Desde esta perspectiva, la elaboración del duelo no consiste en decir solo >> adiós>> a un objeto perdido, si no que implica rehacer una identidad :¿ cómo se define ahora la persona sin aquel objeto de amor?.
La relación de ayuda
El método utilizado en la terapia de acompañamiento que ofrece el Servicio de Atención al Duelo es la relación de ayuda, ya que, por su idiosincrasia, engloba armónicamente toda diversidad de enfoques anteriores, permite la máxima personalización en cada duelo ( que es siempre una vivencia única e irrepetible ) y favorece que el profesional esté al lado del que sufre la pérdida.
¿Qué es y cómo se lleva a cabo?
Todo el mundo desea ser comprendido y querido. Quien se siente comprendido, se siente querido, y quien se siente comprendido y querido tiene fuerzas para salir adelante y hacer frente a las dificultades y crecer como persona. En esta medida en que uno puede expresar lo que siente , puede ir esclareciendo sus emociones para controlarlas o modificarlas.
Según el psiquiatra Paul Tournier, en la relación en la que el individuo puede decirlo todo como lo dice un niño pequeño a su madre se encuentra la esencia de toda psicoterapia. Todo ser humano necesita ser comprendido al menos por una persona, para crecer en libertad y vivir en plenitud. Pero ¿cómo puede llegar a ofrecer este tipo de ayuda en el ámbito profesional? A través de un determinado tipo de relación, en la que el profesional, que actúa como sostenedor de emociones del que vive el duelo, favorezca la aparición, en los grupos de trabajo o en las entrevistas personales, de lo que casi nunca emerge en una relación superficial: la intimidad.
La relación de ayuda es, esencialmente, una relación basada en un grado de confianza muy elevado, en la que el agente profesional ( o voluntario) y el sujeto o paciente llegan a formar una unidad de diálogo y puedan hablar con sinceridad, con el corazón.
Establecer esta confianza requiere un proceso, puesto que la relación con el cliente presenta una gran diversidad en los tipos de comunicación que deben desarrollarse. Una vez se logra la confianza, se destapa el objetivo principal del acompañamiento: fruto de la escucha mutua, la comunicación conduce a afrontar la realidad, lo que provoca dolor. Esto se traduce en la construcción de un nuevo sentido vital, de nuevas soluciones: quien vive el duelo puede rehacer su existencia. En cierto modo, se pasa por distintas formas o grados de comunicación, como cuando se suben los peldaños de una escalera Conocer la existencia de estos niveles permite evaluar el propio trabajo y trazar el tipo de intervención mas adecuado:
Primera fase : comprensión
Con grandes dosis de empatía se ayuda al cliente en la concreción de su propia autoexploración ( narración de su historia, de su mundo emotivo,, de su pasado….) Aún no conviene hacer uso de la confrontación
Segunda fase: personalización
La persona elabora la comprensión de su propio problema, de los demás y del mundo, descubriendo dónde se encuentra y a dónde quiere llegar.
Tercera fase: elaboración de un plan de acción
Entre el profesional y el paciente se van captando las distintas alternativas u objetivos que deben alcanzarse y se llega a establecer como meta un cambio, si es necesario.
Esta técnica podría ejemplificarse, a grandes rasgos, con una metáfora.
La persona que vive el duelo y está abatida podría compararse con alguien que se dirige mecánicamente hacia un precipicio. Entrar en un proceso de acompañamiento sería de aceptar en este viaje la presencia de un profesional que, con su asistencia y su diálogo, ofrece apoyo. El trabajo de este profesional consiste básicamente en acompañar, siendo consciente de que la finalidad del acompañamiento no es caer los dos al precipicio Se trata de establecer una relación con el que sufre, principalmente con preguntas (¿Adónde vas?) que cuestiones una serie de actitudes, acciones o pensamientos (<<¡ no te vayas al precipicio¡>>) , se pretende que la persona sea consciente de su primera decisión ( muy visceral) de dirigirse hacia una calle sin salida.
Con este método la persona se despierta y reconsidera sus planteamientos (>> Caramba, ¿vamos al precipicio?. Pues parece que sí…>>).Evidentemente, el profesional dispone de estrategias y técnicas psicológicas para valorar y objetivar la situación: en teoría, sabe más el que vive el duelo, pero es la persona que sufre quien decide si debe dirigirse al precipicio o no, al lado de otro que le ayuda a ver las cosas más claras y que le deja la libertad de decidirlo.
En una relación de ayuda de este tipo, quien acompaña es alguien que actúa de espejo, que está cerca, y que incluso comprende que se quiera ir al precipicio. En definitiva, es alguien que inspira un grado de confianza tal que facilita poder compartir con él los miedos y preocupaciones que, en primer momento, provocaban el deseo de dirigirse al precipicio. Su ayuda no es una imposición,, por lo que la persona decide cambiar el rumbo al descubrir, en su interior, que tiene fuerzas suficientes para no dirigirse al precipicio que puede actuar de un modo más positivo y vital.
Quien recibe un acompañamiento en el duelo no reacciona porque se le sustenta temporalmente, si no porque se ve crecer, en sí mismo y sin presiones externas, una elucidación que le convence para actuar de otro modo. ¡ Aunque sea poco a poco¡.