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Obispo de Avila




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Queridos diocesanos:

“No podemos subestimar la crisis ni reducirla a una cuestión financiera. Detrás

asoma el fracaso de esta sociedad de bienestar y de un modelo de desarrollo que no ha

logrado reducir las desigualdades ni disminuir la pobreza en los últimos quince años, a

pesar de ser años de gran desarrollo económico. Por eso es necesario y urgente tomar

conciencia de la necesidad de un cambio profundo personal y comunitario, hacer una

revisión de valores, motivaciones y estilos en todos los ámbitos de la vida” (Informe

sobre Exclusión y desarrollo social en España, 2008).

¿Quién hará esta renovación profunda? El sacerdote y la comunidad cristiana están

llamados en la fiesta del Corpus de este año, Día de la Caridad a hacer una profunda

reflexión y conversión sobre los modos de vida en que se basa nuestra sociedad, a

iniciar un camino alternativo de hábitos sociales.

Celebramos la fiesta del Corpus Christi este año al final del Año sacerdotal, que se

clausurará en la fiesta del Corazón de Jesús. Los sacerdotes han sido llamados,

consagrados y enviados por Jesús para ser transparencia del amor de Cristo que salva al

mundo amando a los hermanos, siendo Buena Noticia para los pobres. Y la comunidad

cristiana, que contempla al Señor, presente verdadera, real y sustancialmente en la

Eucaristía, gracias a la acción del sacerdote, está invitada a reconocer el servicio a los

pobres que Cáritas, en nombre de toda la comunidad, realiza en el servicio a los más

necesitados. En este servicio, el sacerdote y quienes colaboran con él, tienen un papel

preponderante en cada parroquia, arciprestazgo y diócesis.

Con Cristo Sacerdote los presbíteros hacen de su vida una ofrenda viva al servicio

de sus hermanos. Para todo cristiano, y en particular para el sacerdote, la caridad es la

expresión del amor de Dios que se entrega a sí mismo por los demás. Así lo afirma el

Santo Padre: “el corazón de Cáritas es el amor de Cristo entregado y cada forma de

caridad individual y organizada en la Iglesia debe encontrar su punto de referencia en

Él”. A imagen de Jesús los sacerdotes dicen en la Eucaristía a los hombres: Tomad mi

cuerpo, bebed mi sangre, es decir, tomad mi vida, mi tiempo, mi pensar y sentir, mi

trabajo, mi sufrimiento, mi esperanza.

Como el corazón de Cristo, también el corazón del sacerdote se conmueve, se

compadece con entrañas de amor ante la oveja perdida, cura sus heridas, la incorpora a

la comunidad; se compadece ante el leproso, ante el herido en el camino, ante los

hambrientos, los emigrantes, y hace presente para todos el amor misericordioso de Dios.

Pero el ejercicio de la caridad no sólo es tarea particular del sacerdote, sino de

toda la comunidad, y en consecuencia lleva consigo una organización y una

programación. Cada fiel participa del amor misericordioso de Dios y del sacrificio de

Cristo. De este amor comunitario y organizado surgen las Cáritas parroquiales, con

quienes colaboramos de manera más o menos directa todos los católicos.

¿A cuánto alcanza el amor de los fieles de Ávila? No lo podemos medir,

evidentemente, pero sí podemos medir la cuantía de su generosidad expresada en

aportación económica y en servicios a los más necesitados. ¿A cuánto asciende nuestra

aportación el año 2009 en la diócesis de Ávila? A una preciosa suma, fruto de la

experiencia del amor comunitario ante las necesidades de los demás, en gran medida

producidas por la crisis económica y por la crisis de solidaridad y sentido de justicia.

Las comunidades de la Diócesis de Ávila han aportado el año pasado 848.597 Euros, es

decir, más de 141 millones de las antiguas pesetas.

¿Y en qué tipo de necesidades se han invertido? Los trabajadores de Cáritas, unos

pocos profesionales y una inmensa cantidad de voluntarios, han hecho “milagros” con

esas aportaciones económicas, distribuidas en 9 programas. Veamos: han acogido y

ayudado a 890 familias afectadas por el paro y la crisis económica; han asegurado las

condiciones mínimas de habitabilidad de la población pobre con viviendas y alquileres;

han atendido a 821 jóvenes y han iniciado el proceso de recuperación de 264 por medio

de programas de educación, prevención, orientación laboral y apoyo a las familias; han

atendido a 241 personas afectadas por la drogodependencia y a 152 familias con

programas de acogida, apoyo, rehabilitación y reinserción; han acogido a 621 personas

y realizado 3.687 alojamientos, en notable aumento por causa de la crisis; han

conseguido 173 reinserciones laborales y han ayudado a 414 personas desempleadas;

han acogido, informándoles y preparándoles laboralmente, a 437 inmigrantes; han

atendido mediante acompañamiento, formación en talleres y acogida en un piso a 130

mujeres reclusas; finalmente, han colaborado en 12 campañas de emergencias

internacionales: Etiopía, Hambruna Níger-Sahel, Centroamérica, Sudeste asiático,

Oriente Próximo, etc. La campaña de Haití, hecha este año 2010, ha ascendido a

238.262 Euros.

Este es el increíble resultado de nuestras aportaciones económicas en sólo un año,

la multiplicación de nuestros pobres “panes y peces” por la caridad. Hemos tratado de

poner en práctica cuatro grandes valores profundamente cristianos y humanos, capaces

de transformar la sociedad: comunión, participación, diversidad y gratuidad; todos ellos,

puestos en juego contribuyen a estimular actitudes personales y colectivas que fomentan

la unión, la fraternidad, la acogida, la solidaridad y la gratuidad. Es el camino para

buscar una sociedad nueva, alternativa. Frente a la cultura del tanto tienes, tanto vales,

ejercemos la actitud de la confianza en las personas y de la gratuidad personal. Puesto

que hemos sido amados gratuitamente y se nos ha dado gratis lo que tenemos, estamos

llamados a darlo gratuitamente, a compartirlo con los demás. El don y la gratuidad no

sólo son elementos esenciales en la experiencia religiosa sino que nos llevan a una

relación personal diferente, a una nueva configuración de nuestra relación con los

demás. He aquí el verdadero programa de Cáritas que sostiene todos los lo demás.

Queridos amigos, sacerdotes, religiosos/as, fieles laicos: ¡Feliz fiesta del Corpus

Christi, feliz día de Caridad!

 

 

+ Jesús, Obispo de Ávila.