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Mons. Francesc Pardo
Obispo de Girona




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Este domingo, último del año litúrgico, celebramos la fiesta de Cristo Rey. El próximo iniciaremos un nuevo año con el tiempo de adviento. Al contemplar los tiempos vividos y oteando el futro podemos recordar el sentido de cada tiempo litúrgico que la Iglesia nos propone, para que oriente e influya en nuestra vida cristiana, personal y comunitaria. Esta contemplación nos ayuda a dar gracias por todo lo vivido y nos prepara para lo que deberemos vivir. Según el Concilio Vaticano II, el año litúrgico “despliega todo el misterio de Cristo, conmemorando así los misterios de la redención, abre a los fieles las riquezas del poder y los méritos de su señor, hasta el punto que los hace presentes en el tiempo de tal forma, para que se pongan en contacto con ellos y se llenen con la gracia de la salvación”. Por tanto, celebración —en el curso del año— de la obra salvadora de Jesucristo. Tiempo de adviento Es el tiempo en que, mientras esperamos el retorno del Señor, su venida gloriosa, nos preparamos para celebrar su venida en la Navidad, recordando el nacimiento de Jesús, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María. Es tiempo de velar, tiempo de esperanza, de actualizar los sentimientos de los profetas, del pueblo y, sobre todo, de María en la espera del Mesías. Tiempo de Navidad – Epifanía La celebración gozosa de la venida del Mesías, el Salvador, la vivimos durante el tiempo de Navidad, contemplar el nacimiento, glorificando a María, la Madre de Dios, adorando al Hijo de Dios que se manifestaba a los Magos de Oriente, guiados por una estrella que los llevó a ofrecerle oro, incienso y mirra. Finalmente, la fiesta del Bautismo de Jesús nos invita a seguir los pasos del Señor, que desde Galilea anuncia la llegada del Reino de Dios. Tiempo ordinario Durante unos pocos domingos, hasta el inicio de la Cuaresma, disponemos de algunas semanas del denominado tiempo ordinario, que después continuaremos tras la fiesta de Pentecostés. Tiempo de cuaresma Llegados a la Cuaresma, se nos impone con la ceniza un tiempo de conversión que recuerda nuestra condición humana de pecadores, necesitados de salvación, y así pedir el perdón y la misericordia de Dios para vivir como verdaderos bautizados. Al acabar el tiempo cuaresmal, podemos caminar con Jesús hacia la Pascua, resiguiendo con Él, durante la Semana Santa , el camino del calvario hasta rememorar el Viernes Santo su pasión y muerte. Tiempo pascual En la noche de Pascua, en la Vigilia Pascual, con el calor del fuego nuevo y la luz del cirio pascual, vibramos de nuevo al cantar la alegría de la resurrección del Señor, al entonar el aleluya festivo y proclamar: “¡Cristo ha resucitado!”. Por ello renovamos los compromisos bautismales. De esta experiencia gozamos a lo largo del tiempo pascual mientras proclamamos las narraciones del reencuentro de Cristo resucitado con las santas mujeres y los discípulos. Son cincuenta días que nos conducen a la fiesta de Pentecostés para celebrar la venida del Espíritu y el nacimiento de la Iglesia. Tiempo ordinario En las treinta y cuatro semanas del tiempo ordinario, domingo tras domingo, nos alimentamos de la Palabra de Dios que proclama lo que el Señor hace por nosotros, nos ofrece y espera. Es un tiempo para vivir la normalidad de la vida cristiana. Demos gracias a Dios por la obra de salvación que se ha realizado en cada uno de nosotros a lo largo del año.

Francesc Pardo i Artigas Obispo de Girona