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Mons. Francesc Pardo
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Jornada de Responsabilidad en el Tráfico 2 julio 2017

Este domingo, cercano al día de san Cristóbal, celebramos desde hace algunos años la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, organizada por nuestra activa Delegación episcopal de Pastoral del Tráfico.

La Pastoral del Tráfico tiene la doble función de ayudar a vivir el evangelio —como acción propia de la Iglesia— y, por otra parte, ayudar a afrontar la situación grave y alarmante de los accidentes de tráfico y sus consecuencias.

- Proclamando la persona de Jesús y su mensaje de amor, de responsabilidad, de servicio y de esperanza.

- Trabajando para que las personas apliquen las bienaventuranzas a su actividad como usuarios de las vías públicas, como conductores y como peatones.

- Caminando hacia el ideal de “cero accidentes” por medio de la educación, el testimonio y la plegaria.

- Ayudando en los momentos de peligro.

- Acompañando en momentos de dolor y despertando el espíritu de solidaridad.

- Potenciando el valor del tráfico como vía de unión entre las personas. Enseñanzas de la Iglesia

Siguiendo los pasos del magisterio del Concilio Vaticano II, el Catecismo de la Iglesia Católica también hace referencia explícita a la problemática del tráfico, y en su número 2.290 dice: “La virtud de la templanza conduce a evitar todo tipo de excesos, como el abuso en el comer, del alcohol, del tabaco o de los medicamentos. Quienes, en estado de embriaguez, o por afición desmesurada a la velocidad, pongan en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, serán gravemente culpables”.

Se recuerdan obligaciones concretas, como el conocimiento del código de circulación, socorro a las víctimas, el derecho a exigir al conductor su atención ante cualquier posibilidad de peligro, y la conveniencia de un espíritu de caridad y comprensión.

Es necesario educar a los jóvenes, automovilistas del mañana, remarcando que “lo más importante sigue siendo insistir en el sentido de responsabilidad de los usuarios de la carretera”, pero también la reeducación de los adultos sobre su sentido de la responsabilidad.


La seguridad viaria como un reto evangélico. La responsabilidad que toda persona ha de asumir en lo referente al tráfico, participando directamente (como conductor, viajero, peatón), o indirectamente (padres, educadores, y todos aquellos que tienen como responsabilidad la cultura de los jóvenes). Somos responsables y solidarios, ya que la carretera es un lugar de encuentro con los demás.

Sugerencias sobre un Decálogo del conductor:

1.        No matarás.

2.        Que la ruta sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal. Protege al más débil.

3.        Que la cortesía, la corrección y la prudencia te ayuden a superar los imprevistos.

4.        Se caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente.

5.        Que el automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado por no respetar la vida, la tuya y la de los demás.

6.        Es responsabilidad de automovilista convencer con caridad a los jóvenes y a los que ya no lo son para que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo.

7.        Ofrece —cuando lo creas oportuno— ayuda a las familias de las víctimas de accidentes.

8.        Participa en alguna reunión o encuentro con víctimas de accidentes y/o con sus familiares, porque te ayudará a ser consciente de tu responsabilidad.

9.        Reza al iniciar un viaje.

10.    Sé tú mismo responsable de los demás, sobretodo respetando a los agentes de tráfico y a las señales de circulación.

 

Francesc Pardo i Artigas Obispo de Girona