¿En Terrassa hay pobreza?
Un dato: existe Caritas y la Fundación Busquets
La pobreza, en este estado de cosas, es relevante, existe de una forma que se nos escapa a todos. Caritas está desbordado, tiene problemas para atender a las personas que lo necesitan, y lo necesitan con urgencia. Los poderes públicos solamente prometen, pero no encuentran solución. Sí existen estas dos entidades es para hacerse preguntas, preguntas críticas. Nos encontramos indefensos, con carencias, guardamos silencio ( no se puede hacer nada ). Nadie tiene la culpa, la culpa es aquello que sucede al otro, nos lavamos las manos, no tomamos conciencia. Se puede solucionar la cosa cambiando las cosas. El estado no quiere decir absolutamente nada, las corporaciones tampoco, la necesidad está presente, duele pero es real. Los paridos políticos (¿Qué partidos?) no sostiene a los ciudadanos, pero el problema, la necesidad existe, nadie la puede ocultar. Si hay bolsas de comida es porque hay pobreza, pobreza que nadie quiere ver que duelen los ojos al verla, que todos la queremos disfazar.
La Palabra debilitada en el medio televisivo
Sumergidos en la cultura de la imagen fundamentalmente dominada por el medio televisivo, cabe preguntarse: ¿como los modos televisivos realizan la interpretación de la realidad?, y ¿como la palabra queda mediatizada por la modalidad televisiva?.
Para resolver esta pregunta, nos adentramos en la llamada cultura del libro, en ella, aquel niño inquieto que quería conocer el mundo, necesitaba dominar la lectura y tener un nivel optimo de comprensión escrita para poder conocer, pues al enfrentarse con una obra literaria, el acto de conocer algo, que tenia un orden lógico, sistemático y muchas veces analítico; y todo ello para narrar hechos acaecidos o hechos ficticios expuestos para comprender el sentido de los hechos. Con lo dicho queda evidente que la niña, el joven ,el adolescente que toma el libro como herramienta de conocimiento, realiza un esfuerzo de concentración, el acto cognoscitivo requiere una actitud de esfuerzo y apertura, para poder recibir y conocer, en este ámbito la distracción no solo no favorece el acto de conocer sino que lo merma o incluso anula.
Si el niño o el adolescente o joven que utiliza el televisor como herramienta para conocer, resulta que en principio no se le reclama ni atención, ni conocimiento del medio, el televisor puede definirse como medio que tiene como primera función el distraer, y des de la distracción, muestra, enseña da a conocer, además la modalidad televisiva, tan dominada por la distracción, tiene unos acentos técnicos, que se influyen en muchas cosas: por ejemplo, la imagen que vemos, es el resultado del juego de muchas cámaras, que ofrece distintos planos en caracteres distintos de distancias, de tal modo que el resultado de la imagen plana, responde a una gran movilidad de imágenes y juegos de espacio tiempo, el niño que recibe estos impactos, recibirá tal nivel de distracción, diversión y dispersión que tenderá o a lo hiper activo y a la dificultad de relación, porque el medio lo codifica todo, y ha sido una herramienta del todo determinante, antes de que el niño desarrollase muchos aprendizajes. Creo pues que el televisor tiene en sí una primera influencia determinante anterior a los contenidos, que es el modo operativo de su fabricar la imagen, el sonido, ósea la modalidad de conocimiento, muchas más cosas podría decir de esta modalidad, entre muchas de ellas, estaría el modo de medir el tiempo; y la gran pregunta, después de visionar un telediario, con un constante salto en el temerlo, donde el atentado terrorista, la última inundación, la entrega de los Oscars, y los resultados deportivos del equipo local de futbol, han tenido un minutaje parecido: ¿ El pequeño oyente que escala de valores tendrá, frente a la valoración de los hechos?, si ha eso añadimos los seis minutos de anuncios con sus mensajes persuasivos y espectaculares, ¿ Que será lo más importante, el consejo de ministros, el sabor de las natillas o los tres goles de su ídolo?. Cuando el maestro pretenda educar con las herramientas propias del aprendizaje escolar, muy basados en la cultura del libro.¿Como enseñar fuera de los canales de la distracción y el espectáculo?, ¿ Como ponderar el valor de cada cosa y su sentido? Y por último ¿Cómo motivar al esfuerzo, la atención, el orden lógico?.
La palabra no reñida con las tecnologías y sorprendentemente recuperada por las redes de Internet, creo que queda debilitada en el medio televisivo, y no entro en el contenido sino en el formato, porque el cine siempre necesita del guión y la imagen es casi como amiga, compañera de la palabra, pero el televisor es un todo donde el relato entra en un todo de poder de distracción y de poder por el poder donde la palabra y su capacidad de interpelación, atracción y generadora de juicio, queda supeditada por la apisonadora del medio, por ejemplo una película de 120 minutos detrás la cual hay un notable trabajo, dentro del medio televisivo, queda reducido a la película entre las películas y el mar de las series. La gran cantidad de horas televisivas y el gran parecido de formato entre los distintos canales, trae a colación aquella de que “ todo queda hundido, en un mar de irrelevancia” . incluso, el debate, la reflexión, los mismos programas informativos, no se libran se su primer quehacer, que es responder correctamente a su ser televisivo, ofrecer, vender diversión, espectáculo, como la nota no solo dominante, sino como su razón de ser. Los canales más culturales de las cadenas de las administraciones pacen en la pobreza de audiencia y los programas que son capaces de hacer todo por el espectáculo, incluso con la vida particular del televisado como materia de espectáculo , el popularmente llamado “ Todo por la audiencia” creando y enterrando famosos y famas.
Por eso la palabra en su fuerza es generadora de libertad y el medio televisivo necesita una reflexión urgente, porque al hacer irrelevante la fuerza de la palabra, la desnuda de su fuerza como en otro tiempo aquellos panfletos de las ideologías totalitarias que utilizaban la palabra contra la palabra.
Monserrat Camprubi