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REACCIONES NORMALES EN EL DUELO


DUELOS COMPLICADOS Y NO COMPLICADOS

A grandes rasgos el duelo podría definirse como el conjunto de representaciones mentales que acompañan y siguen a la pérdida de un objeto de amor o afección.

Normalmente, es un estado transitorio, que requiere una adaptación pausada a la pérdida (duelo no complicado). Pero no se da esta adaptación y el periodo de dolor intenso se prolonga más de tres meses y, en lugar de mitigarse, los síntomas se instauran, hablamos de la existencia de un duelo complicado que puede evolucionar hacia una depresión mayor. Tiempo atrás, se hablaba de esta segunda tipología como de duelo patológico, pero hoy los términos han cambiado ya que el duelo no es una enfermedad. Sencillamente, se trata de  un dolor no elaborado y, por lo tanto, no superado ya que el individuo que lo vive se estanca en la pérdida y está constantemente elaborándola.

Al analizar la tristeza que surge en la persona como respuesta o reacción a una pérdida significativa, se hace evidente que el duelo procede de su lado emocional (mundo de los sentimientos ) y, en consecuencia, presenta una gran repercusión en la totalidad de su vida ( conducta, comunicación..). Por este motivo, el trabajo central que se lleva a cabo en este proceso adaptativo es aceptar la realidad de la pérdida, conociendo y educando las emociones que, a menudo, se viven como  un mundo aún por descubrir: la gente sabe que ha perdido un objeto de amor, que siente un dolor inmenso, pero no dispone de las herramientas necesarias para seguir adelante. Para alcanzar este objetivo es necesario pasar  por la separación, desafección o corte con el objeto perdido, y solo es posible:

- Ayudando al que sufre a expresar su afectividad, principalmente el dolor y la pena emocionales.

- Favoreciendo el hecho de vencer los impedimentos que evitan el reajuste posterior al medio social y familiar.

- Estimulando a decir adiós al objeto querido que se ha ido y se ha llevado la energía emocional de aquella vinculación y reconducirla a otras relaciones.

- Procurando que la persona se sienta cómoda en la nueva situación vital.

 

CARACTERISTICAS DEL DUELO NO COMPLICADO

Si bien el duelo no es una depresión, ya que en esta no hay un objeto ausente o que se haya perdido, la sensación  que envuelve a la persona es propia de un estado depresivo, puesto que la pérdida provoca dolor en el mundo interno del sujeto que se expresa a través de la misma sintomatología, sobre  todo si se tiene en cuenta su instauración en el tiempo:

-         Se hacen patentes los sentimientos de tristeza, soledad, nostalgia, ira, culpabilidad y autorreproche.

-         Aparecen diversas sensaciones físicas: fatiga permanente, estomago vacio, sensación de tirantez en el tórax y la garganta, hipersensibilidad a los ruidos, sentido de despersonalización, sensación de ahogo, boca seca.

-         Se dan cogniciones o pensamientos recurrentes: incredulidad, confusión, preocupación, presencia del difunto, alucinaciones visuales y auditivas.

-         Surgen comportamientos y conductas de distinto tipo: se sueña con el difunto, se experimentan trastornos del sistema gastrointestinal (pérdida o exceso de apetito), ansiedades o ataques de ansiedad que se confunden con problemas cardiacos, sentimientos de inutilidad, suspiros, hiperactividad seguida de llanto.

-         También surgen ideas de muerte, suicidio, autolesión, de querer irse con el objeto desaparecido. En estos casos conviene hacer un abordaje farmacológico, combinado con trabajo terapéutico, puesto que solo la ayuda médica facilitará poder trabajar el proceso cognitivo que requiere la restructuración del presente.

-         Se percibe una disminución notable del interés por el mundo externo (retirada social), acompañada de cierta reducción de la actividad en general y del descenso patente de la  autoestima (sentimiento de inutilidad) que puede conducir a una necesidad de castigo.

Esta necesidad de castigo no significa que la persona que sufre el duelo se auto flagele, si no que empieza a privarse de muchas cosas, por ejemplo ya no ve la televisión, o de ja de comer porque la persona difunta ya no puede hacerlo. Este dolor auto provocado (auto castigo) , sirve para reforzar el vínculo entre la persona y el objeto: si el otro está mal y se está unido a él, uno  tiene que estar mal. Esta convicción se expresa de muchas formas hasta el momento en el cual la persona que vive el duelo descubre que ella es  digna de estimación por si misma, es decir, hasta que ha podido cortar el hilo  que la unía con el objeto perdido: el ser querido ha pasado al mundo de los que no comen, ni ven la televisión, pero quien sobrevive puede y debe continuar comiendo y divirtiéndose.

-         También se dan fuertes sentimientos de culpa, principalmente en los primeros momentos del duelo de manera transitoria.  Se trata de un hecho natural, que se hace problemático cuando esta culpabiliza ión se instaura en el tiempo y todos los sentimientos se mezclan de manera caótica hasta el punto de hacer imposible la vida normal del individuo y provocar, la asociación del duelo a una depresión (como es el caso de aquellas personas que no se levantan de la cama, que se niegan a ingerir alimentos...).

-         A pesar de todo el rasgo más revelador, más visible y que debe abordarse con mayor cuidado en el duelo es la irritabilidad acompañado de aislamiento: la persona no quiere hablar con nadie, le molesta todo el mundo, incluso la familia, no quiere salir a ninguna parte….Sólo quiere estar sola.

Joan Serra

joanserra@hotmail.com

 

Artículo ciertamente interesante y que puede ayudar a reflexionar sobre el sufrimiento y a sobrellevarlo. Enhorabuena mn. Gea. Espero que siga aportándonos nuevos elementos sobre el duelo.

Egarense

egarense@hotmail.com

 

Mossèn Alfons Gea es un experto reconocido en estos temas y me alegro de que ofrezca sus conocimientos y experienxia a través de estos escritos. Seguro que serán de ayuda a muchas personas.

Liliana Guerra

cecilili29@yahoo.es

 

Mn. Gea: Gracias por el material que nos ofrece sobre el duelo. Me sirve de mucho para plantear esta cuestión en la residencia de personas mayores donde estoy. Además del duelo, también hay otros temas como son: la relación de ayuda, ética y bioética, comunicación, acompañamiento, etc. Gracias por todo lo que nos aporta.

María Inés

lafainema@hotmail.com

 

Es muy linda e interesante la página y los contenidos de la misma. Felicitaciones.

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Desde el mundo de la Salud

Desde el mundo de la Salud

Mn. Alfons Gea


El vínculo es más fuerte en unos casos que en otros. Por lo tanto, cuando se rompe, produce más dolor. Esto se debe a muchos factores: el ejemplo clásico es el exceso de protección de la madre hacia el niño ...

Desde el mundo de la Salud

Mn. Alfons Gea

El vínculo es más fuerte en unos casos que en otros. Por lo tanto, cuando se rompe, produce más dolor. Esto se debe a muchos factores: el ejemplo clásico es el exceso de protección de la madre hacia el niño pequeño, siempre pendiente de él; actuación que puede generar una gran angustia el primer día de guardería. Pero lo que llama la atención y provoca desconcierto es cuando la afección surge “por defecto”: el vínculo se fragmenta, pero a la vez se hace más fuerte. Es el caso de las mujeres maltratadas. En ellas, se ha esperado fuertemente la vinculación con el objeto, pero nunca ha sido una vinculación sólida. El deseo permanente de establecerla favorece que la afección (imaginaria, porque en realidad nunca ha existido) hacia la pareja agresora se viva como un vínculo muy fuerte. Aquí radica la causa que les impide denunciar la violencia que sufren, separarse definitivamente, solicitar el divorcio, etc., y al entorno entender que una persona quiera a otra que la ha maltratado. También se da este tipo de vínculo en menores que viven en centros de acogida: a través de sus conductas y/o diálogos, expresan hasta qué punto el lazo que han creado con sus progenitores (a quienes paradójicamente no han visto casi nunca y con quienes no han convivido) es mucho mayor que el que presentan niños que normalemente conviven en familia. Existe una explicación lógica: cuando se da una carencia, augmenta la necesidad (“si siempre sufro hambre, siempre tendré ganas de comer”). En el ser humano, cuando no hay respuesta a la petición de afectividad (en los casos anteriores, cuando se espera constantemente que la relación interpersonal funcione), se activa un mecanismo de defensa: esperar algo ideal. Se quiere que algún día se satisfaga esta petición. Más aún, se desea: y todo deseo actúa como refuerzo de la afección. Si entonces se rompe la relación afectiva, se genera un malestar emocional muy difícil de comprender.