( En mi blog sobre el mundo de la economía me ha parecido especialmente significativo toda la reflexión que hemos podido vivir en el “Meeting de Rimini, transcribo la recesión publicada en Páginas Digital sobre la intervención de Christoph Böhr)
El comisario de Valores de la CDU alemana, Christoph Böhr, ha participado en un encuentro en el que el cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, ha presentado el informe "Obras de caridad en la Iglesia" y ha subrayado la diferencia entre la caridad y la filantropía. "Para muchos, la Iglesia se identifica con la ayuda a personas en situación de necesidad y miseria, por lo que debemos salvaguardar su verdadera identidad y las razones que la animan a hacer el bien". Para ello, el cardenal ha destacado algunas citas de la encíclica Deus Caritas est del Papa Benedicto XVI.
"Al comenzar la encíclica con la afirmación fundamental Dios es amor, el Papa afirma la prioridad absoluta de Aquél que nos amó primero y corrige así un grave malentendido que oscurece la naturaleza de la Iglesia". El cardenal se ha referido también a dos de las exposiciones del Meeting de Rimini, la de los frescos de Siena y la del Ulises de Dante. "También se llega a Dios mediante las obras del hombre, pero es necesario mirar más allá". Cordes ha señalado que Jesucristo unió los dos mandamientos hebreos del amor a Dios y al prójimo en uno solo. "En sus milagros, Él siempre subrayaba que curaba al enfermo, sí, pero que su verdadera necesidad era ser salvado. Este vínculo indisoluble del amor a Dios y al prójimo es la indicación más pertinente para las obras de caridad de la Iglesia".
Junto a él ha participado Christoph Böhr, director de la Comisión de Valores de la CDU (Unión Cristiano Demócrata alemana). "Uno de los cambios de la sociedad actual es que no hay nadie dispuesto a escuchar a la autoridad" y sin autoridad se cae en el relativismo. Böhr ha señalado que si antes el lugar del debate público eran el parlamento, las iglesias y las asociaciones, "hoy es Internet donde se produce un intercambio de opiniones que muchas veces forman la opinión pública, a la que incluso la política obedece". En su opinión, es necesaria una sociedad que respete la dignidad del hombre, en la que cada uno pueda construir con su trabajo, "que no es alienación, como dice el dogma marxista, sino que, como decía el Papa Juan Pablo II, da dignidad al hombre". Y esto requiere nuevas políticas económicas basadas en el capital sino en la valoración del trabajo. "La crisis ha demostrado que la economía ha perdido el punto de equilibro entre capital y trabajo, nosotros cristianos estamos llamados a pensar una nueva forma de hacer economía".
Rocco Buttiglione, vicepresidente de la Cámara de Diputados italiana, ha lamentado que el movimiento cristiano-demócrata haya perdido su ideal original. "En Europa, aunque nadie lo dice, el número de cristianos está creciendo, pero no están representados. Ahora, los nuevos puentes entre la sociedad y la política son las fundaciones".
"La crisis no es sólo técnica, sino antropológica", ha concluido Giorgio Vittadini, presidente de la Fundación para la Subsidiariedad. "Es consecuencia de la concepción del hombre como homo homini lupus, por la que el Estado debe ser quien lo controle todo, porque según esta concepción, la iniciativa privada es malvada y egoísta". Pero la realidad dice lo contrario y tanto la crisis de 1929 como la actual así lo demuestran. Para construir una nueva economía y una nueva sociedad, hay que partir del concepto de que el hombre es un sujeto relacional ("creado a la imagen trinitaria de Dios"), que construye el bien común en relación con Dios y con los demás. "La crisis es una crisis de confianza, que no nace del egoísmo sino de una relación. Estamos al comienzo de una revolución histórica, con una nueva antropología que indica el regreso del hombre cristiano, el que, según el magisterio del Papa y del pensamiento de Giussani, construye de forma equilibrada".
Extraído de Páginas Digital del 28 de agosto del 2010
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¿Es posible una economía basada en el don?
He encontrado una reflexión de Luis Rubalcaba, el pasado día 18 en el diario digital de páginas, llevo su copia a mi blog, porque me parece muy importante su realismo profundo y del todo entroncado con la experiencia cristiana:
En la comprensión de la crisis actual estamos viendo explicaciones que van más allá de los aspectos puramente técnicos de los que hablamos los economistas. Hay quienes han subrayado los problemas éticos de la sociedad actual, culpando a la avaricia y la codicia de parte de los males actuales. También hay teorías que vinculan los fenómenos económicos a factores psicológicos, como muestra el reciente libro de Akerlof y Schiller sobre los Animal spirits. En este contexto, donde la ética y la psicología parecen explicar muchas cosas, Benedicto XVI establece, en su encíclica Caritas in Veritate, una perspectiva diferente y muy provocativa. La cuestión de fondo trasciende los ámbitos psicológicos o éticos: "La cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica". Y en otro lugar: "La cuestión fundamental es si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios".
El problema, tal como aparece en la encíclica, no es que la sociedad actual haya perdido ciertas referencias morales. El problema reside en no construir desde la verdad y en la pérdida de autoconciencia una cultura del don. La crisis ha puesto de manifiesto numerosas dimensiones de la mentira: desde los préstamos que no tenían nunca que haberse prestado hasta las estafas más flagrantes, pasando por la irresponsabilidad de los gobiernos y de los reguladores conniventes, y por los autoengaños colectivos típicos de las burbujas financieras, inmobiliarias o económicas que se han desarrollado al margen de lo que luego la realidad se ha encargado de poner en su sitio.
La mentira primera de la que brotan las demás es la del hombre que cree hacerse a sí mismo, el hombre que niega su dependencia estructural, la evidencia básica de que uno no se hace, de que uno no se da la vida, de que la vida es un don recibido. La negación consciente o inconsciente de esta realidad vital es la que genera la pervivencia o connivencia con las diversas culturas de la mentira. Frente a ello, Benedicto XVI afirma que "la caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad".
Por ello, el Papa puede hablar de una Caritas in Veritate, una caridad en la verdad, no solamente para los creyentes, sino para cualquier persona. La verdad de que yo soy hecho es origen último de la caridad verdadera, "sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor es un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente". Es la verdad de las cosas, de las personas, de uno mismo, la que conduce una economía capaz de traspasar la lógica de la mentira.
En Benedicto XVI la verdad se sitúa en el origen del desarrollo humano. "El tema del desarrollo de los pueblos está íntimamente unido al del desarrollo de cada hombre. La persona humana tiende por naturaleza a su propio desarrollo. Éste no está garantizado por una serie de mecanismos naturales, sino que cada uno de nosotros es consciente de su capacidad de decidir libre y responsablemente. Tampoco se trata de un desarrollo a merced de nuestro capricho, ya que todos sabemos que somos un don y no el resultado de una autogeneración".
Estas palabras parecieran contradecir la lógica de un mundo movido por el afán del beneficio inmediato, el utilitarismo y el egoísmo. Sin embargo, cuando se dice que el verdadero desarrollo nace del don, se hace referencia también a los desarrollos que combinan formas de verdad y de mentira. Los hombres, cuando van a trabajar, aunque tengan una finalidad lo más egoísta del mundo, lo cierto es que están entregando su vida, como la entrega también el hombre o la mujer a su pareja con la que convive y comparte un destino. La economía del don y de la gratuidad no debe circunscribirse únicamente al mundo de las ONG, la cooperación al desarrollo o la responsabilidad social corporativa. El don, la entrega, es un hecho presente en toda acción verdadera, es el motor verdadero del mundo. Lo que sucede es que el hombre no es autoconsciente de esa verdad de entrega en la que vive, porque no responde una experiencia real de gratuidad. Lo que pasa es que los hombres no hacemos experiencia de las cosas que vivimos: en economía, no hacemos experiencia del desarrollo como don de sí y don hacia los demás. No existe una conciencia acorde con la realidad. Y por ello termina predominando la mentira sobre la verdad. Luigi Guissani dice que "en toda experiencia auténtica se ven comprometidas la autoconciencia y la capacidad crítica del hombre". La falta de experiencia o la reducción de experiencia a impresiones o impactos que se acumulan está en el origen de la re-negación de la cultura del don. Sin embargo, Julián Carrón dice que "la experiencia no se caracteriza por tanto por una acumulación de impactos, de impresiones, de emociones, sino por una adquisición de conciencia, por un descubrimiento, por una comprensión del sentido". Éste es el desafío.
Tras el impacto dramático de la crisis todo el mundo necesita hacer experiencia de lo que está pasando, conocer mejor lo que estamos llamados a realizar y tener la agudeza para construir un desarrollo más auténtico y más completo. La conciencia del propio límite y del don recibido nos abre a una nueva racionalidad económica, que es la que reclama el Santo Padre con su encíclica social, Caritas in Veritate.
Agusti Argelich